Me he terminado hace unos días el breve pero muy sugestivo El elogio de la sombra de Junichiro Tanizaki, un ensayo de 1933 sobre estética oriental, concretamente sobre la percepción japonesa de la belleza. Algunas ideas del libro, algunas metáforas, algunas comparaciones, parecen tener poco sentido, pues son producto o bien del racismo o bien de la ignorancia, reconocida, del autor sobre algunos temas. Sin embargo creo que en conjunto el ensayo merece mucho la pena, tiene una construcción y un ritmo magníficos y está escrito con una prosa sencilla.
Lleno de frases chispeantes, sobre arquitectura, pintura, teatro… (incluso hay una receta de sushi), consigue su objetivo de mostrarnos con breves pinceladas la realidad de un mundo en el que la apreciación de lo que es bello, bonito o interesante difiere mucho de la que nosotros tenemos mayoritariamente en occidente.
“Algunos dirán que la falaz belleza creada por la penumbra no es la belleza auténtica. No obstante (…), nosotros los orientales creamos belleza haciendo nacer sombras en lugares que en sí mismos son insignificantes (…) creo que lo bello no es una sustancia en sí sino tan sólo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros producido por la yustaposición de diferentes sustancias. Así como una piedra fosforescente colocada en la oscuridad, emite una irradiación y expuesta a plena luz pierde toda su fascinación de joya preciosa, de igual manera la belleza pierde su existencia se le suprimen los efectos de la sombra.”
Me imagino que sin ser orientales, todos alguna vez hemos reparado en la belleza distinta de los objetos de nuestra habitación, cuando hablando con un amigo se nos ha hecho de noche, y ninguno se ha levantado a encender la luz. Diferimos pero quizás, de alguna manera, no estemos tan lejos.
Luis Rodríguez, también ha escrito otra crítica en castellano.
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