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Kasumay

3 Enero 2010 7 Comentarios

En Cachouane, Casamance, Senegal, con Lissa

En África hay que armarse de paciencia. Uno tiene que aprender a retirarse a sí mismo mientras mantiene el tipo y la sonrisa. Aquí los tiempos son distintos y los saludos interminables. Lo que nosotros solucionamos con un breve y seco “hola”, a ellos puede ocuparles cinco minutos (por ponernos optimistas).

En Diola, que es la lengua del pueblo del mismo nombre, mayoritario en Casamance, el ritual transcurre de la siguiente forma:

a. Kasumay (¿tienes paz?)
b. Kasumay valé (paz tengo)
a. Aubay? (De dónde vienes? / De dónde eres?)
b. Inyee Barcelona (Vengo de Barcelona / Soy de Barcelona)
a. Katabo? (Cómo está la gente de ahí?)
b. Conbukubo (Están bien)
a. Budukane? (Cómo estás?)
b. Kasumay vale (paz tengo)
Aubudukane? (Y tú como estás?)
a. Kasumay vale (paz tengo)

Este diálogo se puede continuar de muchísimas maneras, se pueden incluir por ejemplo otras preguntas como éstas:

a. Bañila bu bubukane? (¿Cómo están los niños?)
b. Conbukubo (Están en casa. Esto significa que están bien.)

a. Kayaibú? (¿Cómo te llamas?)
b. (Inyee) Kayaom Tomy ((yo) me llamo Tomy)

Para completar, se puede volver al Kasumay inicial y entonces, con toda la energía renovada es posible comenzar un segundo diálogo con preguntas parecidas, chistes y anécdotas varias.

Me imagino que situaciones y ceremonias semejantes eran muy frecuentes en Europa hace no tanto tiempo, verlas aquí en directo es un placer.

["Diola" se pronuncia "Yola", según mi versión y "Joola" según Benjamin, pero cada vez que le digo que vuelva a repetirlo yo escucho "Yola". Entiéndase que la transcripción fonética del diálogo anterior es mía y que muy probablemente no será fidedigna. El Diola además tiene muchísimas variaciones.]

Escribo este texto en Cachoaune, a la sombra, apoyado en una mesa de madera de teca, mirando el río Casamance, con una avispa negra african-size merodeándome y con una niña de unos cuatro años que se llama Lissa colgando de mi cuello (bueno, en realidad no para de moverse: también se pone a apretar las teclas del portatil, a ver mis libros, a cambiar de sitio los papelitos que tengo en la moleskine, y todo por supuesto sin separarse ni un centímetro de mí. Me dan ganas de tener niños y todo).

[La foto que encabeza el texto la ha hecho Benjamin]

Ahora he dejado a Lissa entretenida pintando patitos y casitas en la moleskine y puedo seguir escribiendo. (Intento no molestarme con el hecho de que escribe en cualquier parte e incluso tacha algunas cosas que yo he escrito, esto me recuerda al comienzo de Justine de Durrell, siempre te agradeceré Miguel, que me hayas regalado aquella edición preciosa en inglés).

Han pasado muchas cosas (en África siempre pasan cosas, ya lo sabían los romanos que incluso tenían una frase hecha, tomo la cita del libro de Barley: Quid novum semper est Africa?), he estado también un poco malo del estómago y la noche de fin de año me retiré pronto. Me he repuesto muy rápido, no sé si por las medicinas occidentales o por un zumo de baobab que me recomendó Benjamin.

No he presentado a Benjamin Sambou, mi amigo y guía por la Casamance.

Benjamin es profesor de secundaria y en los ratos libres orientador de blanquitos despistados, tiene un año más que yo, 34, y acaba de casarse (bastante tarde para ser senegalés). Es licenciado en filología hispánica y habla por tanto un impecable español que comenzó a aprender de niño con los monjes escolapios, que tienen una misión por aquí. Tiene además conocimientos de lingüistica africana (estudió algo de esto también en la universidad) y es un placer hablar con él de las diferentes lenguas de la zona.

Nos hemos hecho amigos muy pronto y discutimos todo el rato, de forma muy amigable y sana, sobre política y religión (él es católico practicante y participa activamente en la iglesia de Oussouye con su mujer que también es católica). Ha sido una enorme suerte encontrarlo.

Estos días no he podido escribir mucho porque no tenía batería en el portátil (al final, la vida es eso que pasa mientras te vas creando dependencias). Por otra parte, en la isla en la que estaba no encontré conexión a internet.

La historia, se había detenido en el barco hacia Ziguinchor…

El viaje en barco se me pasó rapidamente, pude dormir un buen rato, me desperté a las tres de la mañana y subí a la cubierta superior donde me recosté otro rato en un banco, me desperté con el viento y volví al interior para terminar de despertarme antes del amanecer, justo cuando nos acercábamos a la desembocadura del río Casamance. Fue un verdadero espectáculo, el sol saliendo y todos los que estábamos despiertos, de todos los colores y religiones fascinados con el amanecer. Comenzaron luego a aparecer delfines, que saltaban y jugaban entre ellos y con las olas que producía el barco, y aquello entonces se convirtió en una fiesta. Con qué poco nos contentamos y qué bonito es que sea así.

[Estoy perdido, Lissa ha vuelto al ataque y además ha descubierto como poner mayúsculas, las activa y las desactiva y se rie, además se le han unido unos cuatro o cinco compañeros de varias edades y aquí estoy tratando de entenderlos con mi francés pésimo y mi diola de tres o cuatro palabras. Terminaré este texto en la habitación, ahora voy a jugar con ellos un poco mientras espero la comida.]

Al llegar a Ziguinchor me despedí de mi amigo arquitecto y cogí un taxi hasta la gare routiere, (la estación que encuentras a las afueras de cualquier pueblo que se precie, y que contiene todo lo que pueda moverse y te desplaze a cualquier sitio), una vez allí el taxista me ayudó amablemente a encontrar un sept-place con destino a Ousouyee.

[Los sept-place son peugeots 504 de siete plazas del año del cólera. El funcionamiento del servicio es sencillo (Muy parecido al que había visto en Tunez, aunque allí eran pequeñas furgonetas), se reúne la gente que quiere ir a un sitio y cuando se llena, se pone en marcha el invento.]

Tras que me quisieran cambiar de coche varias veces (soy blanco y tonto, y esto significa más dinero), y haber visto mi mochila zarandeada de un lugar a otro, el sept-place se llenó y nos pusimos en marcha atravesando un paisaje fascinante: sabana y manglares. Había militares en la carretera y nos pararon brevemente en un control, proseguimos la marcha y el conductor casi se pasa del pueblo en el que yo quería bajarme, me dejó en las afueras pero afortunadamente mucho más cerca del lugar en el que iba a quedarme.

Comenzar a dar pasos por un camino rural africano por primera vez en la vida, sin saber muy bien hacia donde vas, y con la fé puesta en que has entendido medianamente bien a la persona que te ha dado las indicaciones en francés hace unos minutos, es una de esas cosas que hay que hacer en la vida.

Mi destino era el Campement Emanaye hasta el que me acompañó una niña de unos quince años que me encontré por el camino. No tenía monedas y le di un billete de mil francos (un euro y cincuenta céntimos) en señal de agradecimiento. Se puso contentísima, no se lo creía.

[Los campements villageois son alojamientos de estilo tradicional construidos y regentados por residentes locales y que reparten parte de sus beneficios con la comunidad local, funcionan desde los años setenta y pueden encontrarse incluso en lugares muy remotos de Casamance. Aunque modestos, son preciosos y están muy bien integrados con el medio: El campement Emanaye de Oussouye es una bonita edifición de adobe y éste de cachouane es una case à impluvium con techo de madera de mangle y palmera palmira.]

Llamé a Benjamin y se paso al rato por el campement justo cuando yo iba a comer, nos presentamos y dispusimos en un momento la ruta: al día siguiente tras ver al rey de Oussouye pasaríamos por Mlomp (su pueblo natal) y luego nos dirigiríamos a Elinkine desde donde cogeríamos una piragüa hacia la isla de Carabane, dormiríamos allí una noche y al día siguiente tomaríamos una lancha hacia Cachoaune, luego haríamos a pie el camino hacia Djembering y al día siguiente utilizaríamos un coche para llegar a Cap Skiring cerca de la frontera con Guinea Bissau, desde este punto volveríamos a Ziguinchor donde nos despediríamos y yo retomaría el camino hacia Dakar.

Hemos respetado fielmente la ruta, aunque nos quedamos dos días, a petición mía y de mi estómago, en la isla de Carabane, ahora, como decía al comienzo, estamos en Cachouane en el Campement Sounka donde por fin he encontrado un rato para escribir.

Nunca antes había tenido un guía que estuviera conmigo todo el día; desayunamos juntos, comemos juntos, cenamos juntos, dormimos juntos. Tengo muchas sensaciones mezcladas, hay momentos en los que me siento un viajero “elegante” del siglo XIX, por más que yo mism cargue mi mochila y la servidumbre termine en la orientación no deja de ser extraño tener a una persona todo el día a tu disposición. En un grupo esta sensación se difumina (recuerdo cuando contratamos a un tripulante para navegar por Croacia) pero cuando estás solo se crean situaciones curiosas.

Hay momentos en los que siento que me terminaría acostumbrando a la gente, a este paisaje, a este calor, a esta humedad. Esta tierra te atrapa por más que todo te recuerde contínuamente que literalmente no estás en tu medio. Yo no creo ser para nada un inepto ni un miedica, pero África me supera. Una cooperante me lo resumió de esta forma:

–Puedes manejarte aquí. Vamos, que aprenderás a desplazarte, a comprar y a hacer todas esas cosas básicas y no tan básicas que necesitamos para sobrevivir. Lo pasarás mal y bien como en cualquier otro sitio, y aprenderás mucho, pero olvídate, no vas a acostumbrarte. No conozco a nadie que lo haya hecho.

Quizás exageraba, pero siento que sus palabras expresan una verdad, aunque sea con minúsculas.

[Vas cruzándote con muchísimas personas y no te da tiempo de incluirlas a todas en lo que escribes. Un abrazo grande para el grupo que me encontré en el hotel cap ouest: Enrique, Chencho, Isabel, María del Mar... otro para el grupo de amigos catalanes con los que coincidí en un cibercafé en Oussouye. Un beso enorme a María y a su padre Fernando, grandes viajeros, no dejamos de recomendarnos libros en aquel desayuno del Hotel Carabane. No recuerdo el nombre de la madre de María, un abrazo también para ella y para Araceli y todas las chicas de la ONG que estaban en la isla de Carabane, había otro chico catalán encantador que no recuerdo como se llamaba.]

Publico este texto desde Cap Skiring cerca de la frontera de Guinea Bissau, comienzo mi vuelta al norte mañana.

Tags: africa·casamance·senegal·viajar

7 respuestas por ahora... ↓

  • 1 Fátima // Ene 3, 2010 at 3:55 pm

    Gracias por hacernos viajar cada día con el corazón y sentir que estamos contigo en África de otra manera.

  • 2 Jordi // Ene 3, 2010 at 6:54 pm

    Kasumay Tomy!
    Qué envidia me estás dando… No puedo parar de pensar en lo que me gustaría poder estar en tu lugar en este momento. Por el momento habré de esperar, pero mientras tanto te seguiré leyendo.
    Un abrazo
    Jordi

  • 3 Elisabeth // Ene 3, 2010 at 10:07 pm

    un placer leerte, gracias!!

  • 4 Marc M. // Ene 4, 2010 at 1:47 pm

    Que viajazo. Yo voy por tierras africanas pronto, nos cruzaremos en el camino. Un abraçada company !

  • 5 Patricia // Ene 5, 2010 at 11:39 am

    Es maravilloso poder viajar contigo de esta manera tambien! Gracias por esas palabras que permiten vivir y compartir un poquito de esa gran aventura que tu estas viviendo! Me encanto tambien la foto! Es linda!

  • 6 Gemma // Ene 5, 2010 at 5:53 pm

    Jooo. Tomy has dado un vuelco a mi corazón. Cuando he visto la mesa, el motor de la pirogue al fondo, la carita de Lissa… uf! no tengo palabras para expresar mis emociones. Cachouane es un lugar mágico. Ojalá todo el mundo tuviera la oportunidad de conocer esas tierras y, sobretodo, a su gente. Gracias de nuevo. Bo nake!
    Gem

  • 7 Victoria Villasana // Mar 9, 2010 at 7:10 pm

    Me pone contenta saber que todos esos suenos que me contabas hace ya unos anos en Londres se estan realizando..no sabes el gusto que me da, lo lindo que es sonar y ver tus suenos frente a ti. Felicidades.
    Muchos saludos, besos y abrazos!
    Kasumay vale

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