La ciudad no me dice nada, puede que esté gritando cosas maravillosas, pero yo ya no la oigo. La atravieso de noche en la moto, como tantas otras veces, pero esta vez no siento nada, me concentro en el ruido del motor, en las luces, pero imponiéndomelo como ejercicio, la naturaleza me dice cosas muy distintas. Vacío, silencio, un terrible silencio, y la triste pero liberadora sensación, de que toda esa gente que sostiene a la ciudad con sus risas, sus borracheras y sus gemidos, ya no puede aportarme nada.
Me marcho
3 Noviembre 2002
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1 respuesta por ahora... ↓
1 Lo mejor de cada caso – Pelluz // Nov 4, 2007 at 11:42 pm
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