Humor absurdo: día sin coches con atascos.
Llevo masticando frases un buen rato sin conseguir que se me quite el hambre. Voy a dejar de mirar esta pantalla y después de la cena me voy a mirar la del cine.
John Stuart Mill comenzó en una época de su vida un diario para obligarse a escribir cada día algo interesante, yo llevo toda la vida intentando hacer lo mismo, resultado: libretas de muchos colores, y de diferentes calidades y precios, con aproximadamente un setenta y cinco por ciento de sus hojas en blanco, muchos papelitos que mi madre guarda en una caja, tres agendas con un centenar de anotaciones…
¿Cuál es el objetivo del gasto de papel, tinta y tiempo? La elaboración concienzuda, y animada por la más alta de las aspiraciones (pido lo imposible, que Feliciano Fidalgo me entreviste en “Luz de Gas”), de mis obras completas: cuentos que no terminan, estructuras de novelas revolucionarias (por supuesto no por el tema si no por su posible aportación a la historia de la literatura) y una colección de frases y palabras sueltas escritas una debajo de la otra con una estructura parecida (visualmente hablando) a lo que en occidente llamamos “poemas”. Hasta el momento, esto es todo. Seguiré escribiendo por supuesto. No es que no haya encontrado el norte, sino que a lo mejor no lo hay.
[Esto último de "el norte", ¿en realidad qué significa? ¿querrá el autor utilizar la palabra "norte" metafóricamente o se refiere al encuentro en el mundo de lo tangible con alguna persona o ente así llamada? ¿es ésta un tontería cualquiera, producto del aburrimiento, la desorientación y la inmadurez del autor, o estamos ante el comienzo de una verdadera historia de suspense con nombre rocambolesco? La búsqueda del norte, una historia del sur.]
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