
Hoy comí en el Mercado de Santa Caterina. Está bien, aunque las raciones son pequeñas y caras. Es curioso, creo que estamos tan acostumbrados a que nos estafen, que cuando encontramos algo medianamente razonable no paramos de hablar bien de ello. Pasa con muchas cosas, no sólo con los restaurantes.
De camino a casa atravesé la plaza de la catedral, celebraban algo (relacionado con las mujeres, ni siquiera lei los carteles…) y justo cuando pasé estaban bailando la sardana.
Baile curioso. Llevo años observándolo, y como un antropólogo aficionado, intentando dilucidar pinceladas de la forma de ser de los catalanes a partir de esta muestra tan representativa de su cultura popular. (Esto último es una locura, pero por eso yo no soy antropólogo, soy Tomy, un chico que pasea.)
Amo este país (Catalunya). Por como me han acogido, por cosas que no sé explicar bien y por lo bien que me lo he pasado entre ellos. A pesar de esto, creo que nunca entenderé la sardana.
No sé si ustedes han visto alguna vez como se baila… olvídense de la tele, hay que verlo en directo, en la calle, y en un contexto casi familiar diría. (Sin las ropitas folcloricas…)
No voy a escribir aquí todas las cosas que se me ocurren cuando observo el fenómeno (porque realmente prefiero que me invites a un café, estoy de rebajas, y contártelo en directo…). Pero diré algunas cosas que me hacen gracia.
Creo que hay dos modalidades de sardana, la sardana-lounge y la sardana-house.
La sardana-lounge es la que bailan las personas mayores y los principiantes (yo por ejemplo, el día que me anime). Se baila despacito y no hace falta cambiarse de ropa (solo de zapatillas: hay que ponerse eso que nosotros en canarias llamaríamos las lonas, unas victorias, unas alpargatas, algo en este plan…). A pesar de lo anteriormente dicho yo he visto a alguna señora ya mayor bailando sardana-lounge con chandal, e incluso en días de sol, con gorra hipermoderna de las últimas vacaciones en Marina D’Or.
Luego está la sardana-house, mucho más rápida, más dinámica, más enérgica. Y, por lo que deduzco, hay que estar fuertillo para bailarla. A esta modalidad sólo se atreven los jóvenes y los seniors con más forma física. Misma música, mismas lonas y aquí sí… casi siempre chandal, recortado incluso (me imagino que por el calor), camiseta de Kukusumusu o bien conmemorativa de la última calçotada y sin gorra, los jóvenes no se ponen gorra.
Lo curioso de la sardana-house es que (al menos las veces que yo la he visto) los muchachos se lo toman con seriedad, creo que tiene que exigir mucha coordinación o algo, porque en vez de ‘bailando’ algo en plan tranqui parece que están haciendo una de esas coreografías de natación sincronizada…
Cosa rara esto de las tradiciones. Creo que dicen mucho de lo que somos, de cómo somos, de cómo hemos sido.
A veces le he dicho a Tatel, mientras veíamos bailar una sardana, que cerrara los ojos y nos imaginara en Brasil, en algún barrio de Bahia metidos en una escola de samba…
No hay color.
2 respuestas por ahora... ↓
1 Elisabet // Abr 24, 2008 at 8:40 pm
Hola Tomy!
Genial, me ha encantado! Sabes que mientras se baila la sardana se cuenta? Se cuentan los pasos quiero decir. Eso si que dice mucho de nosotros, no? ;-)
Un abrazo!
2 Tomy Pelluz // Abr 24, 2008 at 9:00 pm
Jajaja, no lo sabía no, gracias por el apunte. Desde luego que la Sardana es todo un fenómeno, y los catalanes uno tipos fantásticos (con un baile raro, eso sí ;-)
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