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Toubab

9 Enero 2010 1 Comentario

Una niña en Djembering, Casamance, Senegal

“Toubab” is a Central and West African name for a person of European, North African or Middle-Eastern descent (“whites”). Used most frequently in the Gambia, Senegal, and Mali, the term does not have derogatory connotations by itself, though it is also frequently associated with “wealthy traveller” (if one can afford to travel, then he/she must be rich).

(Toubab, Wikipedia)

Esta preciosa niña es de Djembering en Casamance, se acercó a saludarnos cuando entramos en su pueblo, al que llegamos caminando desde Cachouane.

Sólo han pasado unos días y me parecen semanas. Despúes de Casamance estuve en Yoff como ya comenté, y finalmente tuve la suerte de entrevistar a Alex Corenthin (uno de los pioneros de Internet en África) en la universidad cheikh anta diop de Dakar. A la mañana siguiente de la entrevista tome un sept-place hasta Saint-Louis, en la frontera con Mauritania, y allí he pasado estos últimos días de mi primer viaje a Senegal.

Estoy bastante cansado, sentado en la cama con el portatil en las rodillas y mirando el mar por la ventana. (De nuevo en el Hotel Cap Ouest, que parece haberse convertido en mi base en el país.)

Hay muchas cosas que no he contado de este viaje, pero pretendo hacerlo en sucesivas notas. Ya no estarán escritas desde el terreno, pero no quiero dejar de reflejar en palabras las experiencias que he tenido y las cosas que he pensado. Tengo la sensación de que perderé algo si no lo hago.

Hace dos noches estaba tomándome una cerveza en el Club Flamingo, y mientras miraba distraidamente el paso del río Senegal bajo el puente que une la isla de Saint-Louis con la península, me dije a mi mismo: ¡Qué bueno, estoy aquí!

Hace años que quería ir a Saint-Louis. Creo recordar que después de ver unas fotografías aereas tuve una corazonada muy fuerte: tenía que ir a ese sitio. Compré una guía del oeste africano, hice planes, pero al final lo fui dejando de lado.

Hay algo poderoso en los deseos, en los sueños, algunos no se borran y nos obligan a hacerlos realidad. Es cierto que hay espejismos, pero también es cierto que es magnífico encontrar un oasis tras atravesar el desierto.

Si no has cruzado el desierto un oasis no es más que un jardín aburrido, pero si te has esforzado, es un destino cumplido, una recompensa.

Yo no me voy a poner muy interesante porque con la Visa en el bolsillo las aventuras no lo son tanto, por más que uno se empeñe en narrarlas como si fueran grandes hazañas. Pero en mi escala humilde de viajero junior, me siento muy reconfortado habiendo visitado por fin la ciudad con la que tanto había soñado.

En Saint-Louis reflexioné sobre la fuerza que obtenemos de sentir que algo es posible. A veces siento, que una simple pregunta que me hizo un amigo de Milán que estaba de paso por Tenerife, me cambió la vida: ¿Dónde vas a estar el próximo año? Bebíamos vino en la cocina de un piso que él compartía con dos chicas, y yo le respondí cualquier cosa. Luego no dejé de rumiar esa simple pregunta que unía tiempo y espacio (dónde/cuándo) y que me llenó de dudas. Existía la posibilidad de marcharse, de estar en otros sitios, en otros países, podía coger uno un mapa del mundo, elegir un punto, y aparecer allí, como en Star Trek. Esta posibilidad te fortalece, y también te reta.

Yo no soy un experto en la materia, pero parece que estar seguro de algo te aporta una fuerza enorme. Recuerdo que cuando era niño y no sabía nadar, mi madre me ponía unos manguitos hinchables de un color naranja chillón. Un día me tiré al agua sin hincharlos y nadé sin ningún problema hasta que mi madre dijo: Qué bien Tomy, puedes nadar sin manguitos, los tienes desinflados. Evidentemente luego me hundí hasta el fondo de la piscina y tuvieron que rescatarme.

La vida a veces es muy dura y nos pone en frente de situaciones que no provocamos, y que obviamente no esperamos, que nos hacen mucho daño. Sin embargo, cuando observo mi corta vida en perspectiva, me doy cuenta de que muchos problemas que he tenido los he generado yo mismo al negarme a avanzar, auto-negándome: no puedes hacer esto, no puedes hacer lo otro, eso es imposible, no lo vas a conseguir…

Vine a África porque sentía que se había terminado una época de mi vida, y sinceramente no sabía por donde continuar, y no me voy de África con la piedra filosofal, ni con la solución al calentamiento global, a la guerra, a la miseria o a la estupidez. Pero estoy muy feliz, y con muchísimas ganas de hacer cosas y aprovechar el precioso tiempo que voy a pasar en este planeta tan hermoso, en el que han vivido nuestros padres y vivirán luego nuestros hijos.

En un rato vuelo hacia Casablanca, donde hago escala durante unas horas antes de tomar otro avión hacia Barcelona.

Estos días he visto a muchos chicos mirando el mar, sentados en la playa durante horas enfrentándose al horizonte. Yo hacía eso en Tenerife, lo sigo haciendo en Barcelona, y me siento muy afortunado y muy agradecido porque he cumplido muchos de mis sueños y he tenido la suerte de coincidir con gente maravillosa que me ha hecho muy feliz. Me gustaría despedirme de este país con el deseo enorme de que estos chicos que he visto estos días mirando hacia el atlántico también cumplan sus sueños.

Me voy a la playa, un abrazo enorme.

Tags: saint-louis·senegal·viajar·yoff

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  • 1 Coco // Ene 11, 2010 at 11:04 am

    Ya llegaste. Ta

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