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Un brownie en Casablanca, primeras notas desordenadas de un viaje por Senegal

29 Diciembre 2009 2 Comentarios

Tome muchas de estas notas el día de navidad en el aeropuerto de Casablanca, ahora ya llevo unos días en Senegal.

Estoy en la terraza del hotel Cap Ouest en Yoff Virage, muy cerca del aeropuerto de Dakar. Me llega la brisa del mar y está atardeciendo, hay unos chicos haciendo ejercicio en la playa, es un momento de esos que quieres quedarte en la memoria.

“El hecho de haber realizado trabajo de campo es como una licencia para ponerse pesado.”

Esta frase la encontré en las primeras páginas de “El antropologo inocente” del antropólogo británico Nigel Barley. Es algo que uno que tendría que tener presente cuando va a relatar un viaje exótico. Si lo piensas, a veces ni siquiera nos hace falta hacer “trabajo de campo” para que nos pase, basta con haber hecho escala en una ciudad y ya no hay quien nos soporte en las conversaciones de café: nos convertimos en expertos mundiales en la materia y no podemos contener el famoso: “perdona, pero yo he estado allí”.

Con esta advertencia a mi mismo, comienzo estas notas inconexas.

Casablanca es una de mis películas preferidas, me acordaba de la escena final cuando el avión aterrizaba. Atravesé rápidamente el control (con correspondiente extorsión de un policia marroquí) y el resto del tiempo lo pasé en la sala de espera, donde me tomé más de un café y tuve tiempo de sobra para impresionarme con la variedad de clases, razas y nacionalidades que deambulaban por el aeropuerto.

Al final uno viaja para hacer las mismas cosas de siempre en lugares con nombres nuevos en los que se siente aún más extraño. Yo debo parecerme a aquellos ingleses de la época victoriana que se tomaban su té de las cinco con todo su ceremonial estuvieran donde estuvieran. He mantenido este ritual de café y periódico en todos los lugares en los que he estado, por más que el café fuera pésimo y el periódico un Herald Tribune atrasado y amarillo.

El café del aeropuerto no era tan malo y los periódicos eran dos marroquis en francés que entendía parcialmente (aunque más de lo que esperaba). Para compensar esta amargura de la comprensión parcial me atreví con un brownie que estaba buenísimo.

(En los países africanos que fueron colonia francesa los pasteles son buenísimos. Pasa también en Senegal: hoy me han dado unos profiteroles con chocolate y vainilla de postre y se me cerraban los ojitos de la alegría.)

Ha sido un acierto traer el portatil porque es muy cómodo para coger notas, con todos los respetos a san moleskine: tomar apuntes en un cuaderno con pluma es más romántico, pero una vez que te puedes sentar a escribir tener un pequeño portatil con un teclado que conoces (con ñ, tildes, etc) es un lujo.

Los africanos subsaharianos son sumamente elegantes, combinan cualquier cosa sin complejos pero el resultado es fantástico. Son guapísimos. Tengo la terrible tentación de comprarme unos zapatos de piel de colores y un bombín gris.

No sé como fue el rodaje de Casablanca, aunque me suena que habrá sido integralmente en Hollywood. La ilusión del cine, de la ficción. Sin tres dimensiones ni hierbas varias también es posible transportar la gente a otras realidades. Recuerdo Vania en la calle 42, excelente demostración de la fuerza del teatro, de la palabra, del gesto, para llevarnos a otro mundo.

Conocí a un chico de Casamance (una región al sur de Senegal), en el avión hasta Casablanca, vive en Rubí muy cerca de Barcelona, hemos quedado en Barcelona, en el Teranga, mi restaurante senegalés favorito.

Veo unas fotos del puerto de Casablanca a finales de los años 20 y me recuerdan a Santa Cruz de Tenerife en esa época. Ya me había pasado en Tunez, en la capital Tunis, que está llena de laureles de indias. Hay un África que me enseño a ver Albert Camus, otro africano que luego vivió en Europa. Me encanta esta frase de uno de sus libros: “En África, el mar y el sol son gratis”.

Me gustan mis zapatos nuevos, anoche los llevaba en una fiesta en la que había chicas con tacones y hoy pasearé por Senegal con ellos. Cada vez me gustan más las cosas que sirven para todo, como esta maleta que he llevado a reuniones muy serias pero luego he arrastrado por medio mundo.

Y hasta aquí las notas que tomé en el aeropuerto de Casablanca, luego, tras muchas horas de espera cogí el avión hacia Dakar, al lado de mí había un hombre inmenso y una señora que era la versión senegalesa de aquella señora de grandes pechos que salía en Amarcord, se estuvieron riendo todo el rato, yo por supuesto no me enteré de nada porque hablaban en Wolof.

Este texto lo escribí ayer (28 de diciembre), hoy me voy hacia el sur, cogeré esta tarde un barco hacia Ziguinchor en la Casamance. Estos días me han servido para adaptarme al país, tengo esa sensación doble de que han pasado muy rápido pero ya llevo meses aquí.

He conocido a gente fabulosa estos días, ya hablaré de todos ellos con más detalle. El hotel ha sido una fantástica elección, caro, como todo en Dakar que es una ciudad carísima, pero mucho mejor que lo que se puede conseguir por este precio. Muchas gracias por el consejo Jordi!

Hoy me he sentido realmente ligero y seguro, me molesta muchísimo no saber francés, es algo que tengo que remediar cuanto antes.

Cambio mi ruta original y dejaré Saint Louis para el final, las razones por las que la he cambiado las encontré en este párrafo del libro de Barley:

Había llegado el momento, si es que no estaba más que pasado, de trasladarme a un poblado. Los dowayos se dividen en dos tipos, los de montaña y los del llano. Toda la gente con quien había hablado me había instado a vivir entre los del llano. Eran menos bárbaros, sería más fácil conseguir provisiones, había más que hablaran francés y tendría menos dificultades para ir a la iglesia. Los dowayos de la montaña eran salvajes y difíciles, adoraban al diablo y no me dirían nada. Sobre tales premisas, el antropólogo no tiene más que una elección; naturalmente opté por los dowayos de la montaña.

En rigor a la verdad, toda la gente que conoce el país me ha recomendado visitar la Casamance, es un territorio no recomendable según todas las guías y los ministerios de exterior pero me he documentado todo lo que he podido y no es cierto que no pueda irse. Tendré un guía local conmigo todo el rato y viajaré en barco (esto último lo recomiendan mucho). Vamos hacia el sur.

Tags: africa·casablanca·dakar·marruecos·senegal·viajar·yoff

2 respuestas por ahora... ↓

  • 1 Jordi // Dic 29, 2009 at 6:51 pm

    Hola Tomy,
    me parece fantástica tu elección siguiendo los pasos de Nigel Barley. Fantástico el libro… aunque supongo que no has acabado el libro y no sé si sabrás que los dowayos se las hicieron pasar canutas… En cualquier caso, Casamance bien vale una misa (lo siento, me permito la licencia).
    Estoy encantado de que estés bien en el hotel y de que hayas llegado a África de una vez por todas. A partir de ahora, no sé porqué pero me parece que pasará a ser un destino habitual para tí.
    Un abrazo mío y de Usoa!
    Jordi

  • 2 Tomy Pelluz // Dic 31, 2009 at 12:04 pm

    Jajaja; gracias Jordi; no me extiendo mucho porque este teclado frances me vuelve loco; nos vemos a la vuelta y vamos a comer. Un abrazo enorme a los dos.

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