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urB, la imposibilidad de desplazarse

8 Febrero 2008

El 13 de septiembre de 2006 inauguré una exposición en Barcelona… urB… ¡Dios, sentía que no había pasado tanto!. Mi vida ha cambiado mucho en estos años. Aunque leyendo este texto que acabo de encontrarme, y que nunca había publicado, me doy cuenta de que por dentro los cables siguen siendo los mismos, con más o menos conexiones quizás… pero los mismos.

Para mi familia y mis amigos, mis vecinos de urB, una lista finita pero que prefiero omitir.

–Las imágenes de la memoria, una vez fijadas por las palabras se borran –dijo Polo–. Quizá tengo miedo de perder a Venecia de una vez por todas si hablo de ella. O quiza hablando de otras ciudades la he ido perdiendo poco a poco.

Italo Calvino, Las ciudades invisibles.

La misma lucha hacia las cimas basta para colmar el corazón de un hombre. Hay que imaginar a Sísifo feliz.

Albert Camus, El Mito de Sísifo.

Crecí en Tenerife, en el Atlántico, en una isla africana en el camino hacia América.

Durante mucho tiempo estuve obsesionado con el azul y la línea del horizonte. Vivir en una isla te obliga a tener una conciencia muy clara de la noción de límite. Creces con la certeza constante de que las cosas, en algún momento u otro, terminan. Puedes comenzar un largo paseo… pero no importa las montañas que atravieses, o los barrancos que cruzes, por muy lejos que te lleve tu instinto, tus pasos desembocarán en una playa frente al mar. El mar lo es todo para nosotros.

Vivía en el mar, soñaba en la playa.

Hace años escribí esto sentado en la arena, hablaba de una web que estaba diseñando, mi primer blog.

Pensaba escribir la crónica intermitente de un joven urbano posmoderno, pero por el camino encontré el diario de un niño que se sorprende en la playa, y no he podido dejar de leerlo. Imaginaba notas sobre diseño, cine independiente, decoración, un poco de pedantería y un poco de inglés, usado como sólo puede usarlo, una persona que no conoce esa magnífica lengua. La arena que no puedo quitarme de los ojos, me ha permitido ver el error. Estoy convencido de que este viento que sopla en la costa, y el salitre, terminarán hasta por cambiarle el color a la página. Soñé en gris pero veo azul. Huelo a mar, aceptémoslo, no quiero sumergirme en la corriente de la moda, ni perderme en sus afluentes. Los ríos son magníficos animales, pero yo no los conozco. No sé nada del mar, pero es lo único de lo que intuyo algo.

Sísifo en la playa.

Contradiciéndome, un tiempo después me sumergí en esa corriente, y me hice fotógrafo de moda. En medio, pasaron muchas cosas, fui de un lado a otro y terminé cambiando el Atlántico por el Mediterráneo.

Antes de llegar a Barcelona viví en Londres, y buscaba el mar tras los edificios de la City. Los Docklands, aunque me llenaban de tristeza, me devolvían a una vida que yo comprendía, y el sucio Thames terminó siendo un buen amigo. Luego, la ciudad me expulsó… o yo la abandoné, nunca me quedó claro.

He visto otros mares (algunos curiosamente en forma de río, esos maresitos contenidos) y otras ciudades… Paris, Edinburgo, York, Lisboa, Estambul, Madrid… he visitado otras islas, no demasiadas ciertamente, ni demasiados sitios, nunca son demasiados.

En cualquier caso, por mucho que viaje siento que no voy a ninguna parte. Ese sentimiento, y la lectura de aquella frase de Italo Calvino, es lo que ha generado este momento que quería compartir con ustedes. urB es la imposibilidad de desplazarse, la imposibilidad de salir de los límites de la ciudad.

En un mail que le envié a Aneu, la inteligente mujer que gestiona este espacio, decía esto:

Crecemos en nuestra ciudad, un espacio concedido o impuesto, cuya lógica espacial quedará ya para siempre implícita en nosotros. Luego comienza nuestro viaje, y cuando al bajarnos del avión consultamos un plano, nada tiene sentido: es difícil intuir cuáles son los barrios conflictivos, cuál es la calle de las librerías o dónde se comen las mejores ensaladas. Nuestra experiencia construye las ciudades y es en nuestra memoria donde las líneas de los mapas se llenan de significado.

urB es una ciudad imaginada, construida con los fragmentos de las que yo he visitado o vivido. Su trazado carece de cualquier clase de intención: se ha construido calle a calle, cara a cara, fotografía a fotografía, es una utopía producida por lo aleatorio, un experimento con el caos, un sueño.

Quizás fui un tanto pretencioso.

Yo no conoceré otra ciudad que no sea Santa Cruz de Tenerife, mi Venecia particular. Por eso, y porque ahora vivo en Barcelona, originalmente mi proyecto pretendía contraponer espacios de una ciudad que me evocaran a la otra, y viceversa… Veía muchas cosas de Santa Cruz en Barcelona… y más tarde comencé a ver muchas cosas de Barcelona en Santa Cruz. Si quedas con un amigo en el Zurich y caminas por la Rambla hacia el mar, es como si quedas en Santa Cruz en la plaza Weyler, y bajas por la calle Castillo en la misma dirección. Verlo para creerlo oiga, quedan invitados a comprobarlo.

Todo iba bien con ese proyecto, pero Londres irrumpió celosa. Que no pases demasiado tiempo en un lugar, no implica que no vaya a tener mucho sentido en tu vida. ¿Quién no recuerda una pequeña cala en la que sólo ha estado un día? El espacio es caprichoso, y Londres toda una señorona impertinente.

Una vez abierta la puerta, se fueron colando el resto de los lugares. Apareció el mapa, ese esquema de la realidad que tanto nos gusta a los humanos. urB es una excusa para situar todas las fotos que hago en el espacio en el que yo realmente las siento. Decían que había que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Y yo digo, hay que inventar también un mundo, una ciudad al menos… y dibujar un mapa.

Sólo vivimos fragmentos de cada ciudad. Un poco de Nueva York y un poco de Bogotá, un poco de Cadaqués y un poco de Valencia. No importa el nombre, el tamaño o la importancia que le puedan dar otros a un espacio, a toda una ciudad o a una pequeña bahía… cada uno tiene un mapa único ahí dentro, y en ese mapa que llevamos en el corazón, los barrios, aunque parecen unidos, están a miles de kilómetros de distancia.

urB es la ciudad en la que vivo, la ciudad en la que pasaré el resto de mis días. Tengo la intuición de que nunca será más que un boceto. Y lo cierto es que no pretendo que deje de serlo. Vivir en un boceto puede parecerles muy básico, pero es lo más realista y firme que he encontrado en este mundo tan dividido.

Pasa algo maravilloso cuando aceptas que no puedes terminar la cosas. Te invade una cierta paz. Si yo fuera Sísifo (cosa por otra parte imposible, porque yo no soy ningún personaje mitológico, sino un chico que creció en una barriada al lado de una refinería de petroleo) urB sería la piedra que estaría obligado contínuamente a subir a una montaña para que una vez arriba se me volviera a caer. Y vuelta a empezar.

urB es un fracaso felizmente aceptado.

En unos días, por fin ire a Venecia… a la Venecia de verdad… y no sé por qué, pero ya la siento en el mapa, está cerca del Bósforo, cerca del Sena…

Gracias por venir, los quiero.

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