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When you pop, you can’t stop

6 Enero 2010 3 Comentarios

En Cachouane, el lavabo del Campement Sounka

En Cachouane, el lavabo del Campement Sounka

Volví de Casamance a Dakar en autobus, atravesando Gambia. Un viaje de quince horas.

Nos despertamos en Cap Skirring antes de las seis y fuimos en sept-place hasta Ziguinchor, desde la ciudad tomamos un taxi hacia el aeropuerto. Nos habían dicho que había una plaza en un vuelo.

Era lunes y la ciudad arrancaba, mercados abiertos, ajetreo de coches y motos, legiones de niños y adolescentes yendo al colegio y al liceo. Todo envuelto en una luz preciosa que me mantenía pegado a la ventana del taxi mientras atravesábamos primero el tumulto de la ciudad, y luego una larga avenida de tierra flanqueada por ceibas inmensos.

No había billete, decidí volver por carretera.

En la gare routiere de Ziguinchor se respiraba miseria. Me fijé durante un rato en un chico prácticamente desnudo, tenía todo el cuerpo cubierto por un polvo gris e iba de un lado para otro pidiendo; en un momento alguien le dio un cigarro y comenzó a fumárselo mirando al infinito, no había nada en sus ojos; no puedo imaginar qué sentiría. Se me acercó un niño envuelto en un trozo de tela muy sucia que en una vida anterior había sido una camiseta del barça, era de la etnia Pular. Viven todos juntos en algún chamizo, y el resto de la historia es de las que hemos leído en las novelas de Charles Dickens, los extorsionan, les pegan si no llegan a casa con dinero.

Sinceramente te dan muchas ganas de llorar, pero llorarías tanto que tendría que pararse el mundo.

Llegamos demasiado tarde para que me fuera en un sept-place, pero luego milagrosamente apareció un autobus.

La gente se tiraba contra el vehículo, trataba de subirse y ocupar un sitio. Hubo una extraña peregrinación de personas persiguiendolo por toda la estación hasta que se detuvo. Luego comenzó la toma de la Bastilla. Benjamin negoció mi plaza y me presentó a un amigo suyo que también iba a Dakar: militar, católico, de unos cuarenta y cinco años. Viajé a su lado.

Me despedí de Benjamin con un abrazo muy fuerte, es un gran tipo, siento que volveremos a vernos.

En un autobús de cuarenta plazas metieron a más de sesenta, y en el techo el equipaje: maletas, sacos, bidones con vaya usted a saber que. Extrañé que subieran unas cabritas y unas gallinas, pero no hubo suerte. En cualquier caso, no ibamos demasiado apretados, he visto autobuses más llenos.

Estaba en la última fila, junto al amigo de Benjamin. A mi derecha viajó una chica con una niña sobre sus piernas, a su lado su marido (eran de la tribu Fula, el chico trabaja en un pueblo de Catalunya y fuimos hablando todo el rato). Al lado de éste chico se sentaban, uno sobre otro, dos adolescentes que eran los que se encargaban de cargar y descargar las maletas, un tercero iba tirado en el suelo en el espacio en el que nosotros apoyábamos los pies; había dos opciones, que él durmiera sobre tus pies o que le pisaras. Ninguna de las dos posiciones parecía disgustarle demasiado y durante un buen rato durmió como un bendito.

No quiero transmitir una imagen dramática, estaba de muy buen humor, observando todo con mucha atención y disfrutando de un homenaje a Bob Marley grabado de la radio (me di cuenta de este detalle la tercera vez que lo pusieron), el locutor comentaba las letras y luego cantaba en inglés con un acento francés muy marcado. De vez en cuando decía: ¡Brother Bob Marley!

Aquí los coches puede que estén muy destartalados, pero el radiocasete funciona que da gusto, probablemente como los speakers que vienen de serie no tienen (en términos africanos) la potencia adecuada, los han cambiado por unos mayores, como era el caso. Y lo sé porque yo lo tenía justo detrás de mi cabeza.

Veo gran futuro en la industria del tunning en África, aunque debería decir pasado, porque lo raro es que veas un coche que no tenga algo pintado o modificado.

Desde Ziguinchor hasta la frontera con Gambia hay una estrecha carretera de dos carriles, cada varios kilómetros hay militares apostados, pude contar dos tanques.

Suena a película de vaqueros, pero no es para tanto. Mucha gente con la que he hablado en Casamance me ha dicho que las cosas están mucho mejor que antes (la típica expresión desconcertante, porque tú no estuviste antes). Una cooperante alemana me comentó sin embargo que ella está viendo cosas que no había visto (y lleva en la zona desde los noventa), un bandidaje más agresivo. Yo no noté nada especial, lo más peligroso que me pasó fue que pisé un sapo muy grande y me dió mucho miedo, y luego en el autobus de vuelta temí que una señora con el culo muy gordo (muy gordo en serio) se me callera encima.

[El conflicto entre el gobierno y el Mouvement des Forces Démocratiques de la Casamance (MFDC) lleva casi treinta años en activo. Comenzó tras una manifestación independentista en Ziguinchor en 1982 en la que fueron detenidos y encarcelados los líderes del MFDC. Esta zona tiene una larga historia de resistencia que comienza en la época colonial, los franceses eran incapaces de controlar la sociedad Diola porque no es nada jerárquica y tiene un fuerte sentimiento identitario. La última rebelión, en 1943, estuvo encabezada por Aline Sitoe Diatta una sacerdotisa tradicional que fue detenida y encarcelada en Tombuctú (Mali), donde moriría más tarde. Hoy en día muchos colegios, tiendas e incluso el ferry que viene desde Dakar llevan el nombre de esta mujer.]

El autobús se iba parando cada rato y se subían señoras a vender cacahuetes, plátanos, naranjas y otra fruta de la que no recuerdo el nombre pero que sabía a rayos. (Me invitaron y me tuve que comer una con cara de: ¡mmmm, qué bueno!)

Llegamos a Gambia, se terminó la carretera y comenzaron los controles contínuos de la policía. Aquí entro en juego el amigo militar de Benjamin que me trató como a un hijo, se empeñaba en acompañarme a los controles o incluso ir directamente en mi nombre, que fue lo que hizo la mayor parte de las veces. En un momento desapareción con mi pasaporte y lo trajo de vuelta sellado. De regalo traía carne a la brasa envuelta en un papel e insistió en que me comiera más de la mitad. No hay quien mantenga la dieta en estos viajes, lo que es la vida moderna.

Tengo tantas anécdotas y recuerdos de este viaje por carretera que creo que las narraré en dos partes, además se me han quedado por el camino muchas otras historias: la visita al rey de Oussuye, los días en la isla de Carabane, una caminata por la sabana hasta Djembering…

Llevo dos días en Yoff, cerca de Dakar, disfrutando de la playa, de la comida, de las puestas de sol. Esta tarde ire a la Universidad Cheik Anta Diop a entrevistar a Alex Corenthin, un pionero de internet en Senegal. Mañana muy temprano ire hacia el norte, hasta Saint Louis, con muy poco equipaje. Quiero aprender a viajar sin nada, con las manos en los bolsillos, o al menos en la modalidad de mi hermano Jonay, que venía muchas veces a visitarme a Londres desde el norte de Inglaterra y lo traía todo en una bolsa del supermercado.

Algo me ha pasado en los fusibles tras cruzar Gambia, no consigo que se me quite la sonrisa de la cara, creo que nunca en mi vida había estado de tan buen humor. Empiezo a moverme de otra forma, con muchísima comodidad, con calma.

Siento que estar en África me ha devuelto a una persona que había perdido hace mucho tiempo, me he vuelto a reencontrar conmigo.

Cuánto tiempo pierde uno creándose enemistades imaginarias, criticando a los otros, envidiando, mintiendo. De qué poco sirve. Con lo bonito que es abrir los ojos por la mañana en este mundo y ver a tu lado a la persona a la que amas, poder hablar con un hermano, acariciarle la cabeza a un niño y que te mire sonriendo, compartir un atardecer con unos amigos. Todo eso es gratis y pasa delante de nuestras narices mientras nosotros estamos haciendo complejos cálculos sobre que pensaran los otros o nos cogemos una depresión porque no tenemos la última versión del último cacharro.

Y no es que vaya a volver a Barcelona descalzo o que vaya a tirar este ordenador portátil desde el que escribo, pero creo que ha llegado el momento de poner las cosas en su sitio.

Los quiero mucho, gracias por leer esto.

Tags: africa·casamance·gambia·senegal·viajar

3 respuestas por ahora... ↓

  • 1 vramosp // Ene 6, 2010 at 4:38 pm

    Tommy,,

    Gracias por compartir esto con los que te leemos, y por contarlo de la manera que lo has hecho.

    Felicidades por el reencuentro… ;)

    Un abrazo!

  • 2 Manuel Ángel-Méndez // Ene 6, 2010 at 7:17 pm

    Fascinante viaje Tomy! Y mejores aún las crónicas! ;) Disfruta muchísimo, cada minuto, cada momento, es una de esas experiencias que seguro recordarás con una sonrisa dentro de muchos años. Una de esos viajes que dan sentido a la vida.

    Un abrazo,
    M

  • 3 Fátima // Ene 16, 2010 at 4:03 pm

    Tomy, me ha encantado leer parte de tus crónicas y más el haber compartido contigo algunos momentos en los que ya nos ibas contando tus experiencias en Cap Ouest tomando un Flat. Te animo a que sigas compartiendo tus experiencias, sobre todo para los/as que no somos capaces de hacerlo.
    Un besazo y mucha suerte.
    Fátima

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